Almuerzo con Sarit Lichtenstein

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México siempre depara sorpresas. Presentamos un almuerzo entrevista con Sarit Lichtenstein, una de las pintoras mexicanas con más magnetismo de Frankfurt y dueña de la galería de arte Galerie Am Park.
Se siente una mujer pincel, que no sabe vivir sin su galería. Si no está pintando o enseñando a pintar, o vendiendo su arte y el de los artistas a quienes representa su galería, la tentación de rendirse a un delicioso plato de crespelle rellenas de ricotta y espinacas se duplica. Saluda en italiano a los camareros del Isoletta, para quienes ella es «la signora della galeria». A punto de sucumbir a la tentación de las crespelle, cambia de opinión en el último segundo, y pide ensalada y ternera a la plancha. Comenta sin arrogancia que a sus alumnas les asusta el lienzo en blanco, pero a ella no. Siente debilidad por el action painting al que ella llama también responding, «escuchar una música y pintar lo que me sugiere».
Sarit Lichtenstein (1961) se formó en el Instituto Nacional de Bellas Artes de México City, en el Istituto Europeo die Design de Roma, y en Bezahlel Art Academy de Jerusalem. «Pertenezco a la última generación que estudió diseño gráfico sin ayuda de la computadora. Lo hacíamos todo con las manos». Desde entonces no ha dejado de producir cientos de cuadros, esculturas, serigrafías y grabados. Lleva treinta años pintando gracias a sus pinceles y su torrente de creatividad. «Cuando me meto a pintar un cuadro de grandes dimensiones, empiezan a nacer obritas chiquitas también. Les llamo mis babies», añade.
Delante del mantel blanco de la terraza del Isoletta, combina locuacidad y sentido del humor en dosis justas. En la mesa brilla un candelabro de alpaca y la copa de cristal llena del «acqua gassata» de San Pellegrino que bebe. Su faceta de galerista no es cosa de anteayer. «Hace diez años abrí una galería de arte con dos amigas cerca del Grünerburgpark; de ahí el nombre que le pusimos.» Las amigas acabaron desligándose del proyecto y Sarit Lichtenstein se puso al frente. Ahora acaba de echar el cerrojo en el entresuelo que albergó su primera galería, y le ha devuelto las llaves al casero. La pintora y galerista mexicana irradia alegría por los cuatro costados. ¿La causa? Sus lienzos y los de sus artistas cuelgan ya de las paredes de un nuevo espacio. Más de cien metros cuadrados a pie de calle, enfrente del Instituto Cervantes de Frankfurt. «Y casualidades de la vida, el nombre de la galería nos sigue viniendo como anillo al dedo, porque ahora estamos a un paso del Rothschildpark», se alegra.
Al interrogarla sobre cómo se maneja en el mundo de la venta de arte, responde sin ambages: «La gente no busca sólo comprar una obra de arte, busca una experiencia que vaya más allá, algo espiritual», afirma. «Un buen cuadro debe hablar contigo, sorprenderte y alimentar tus necesidades emocionales y espirituales». A ella le fascina Frida Kahlo, a quien ha dedicado un cuadro suyo. «Fue una mujer inteligentísima que antepuso su deseo de pintar a su sufrimiento», y prosigue «no importa que Diego Rivera, su marido, en alguna ocasión la ayudase, retocándole algún cuadro. Eso se da a menudo en parejas de pintores». No prescinde de un café machiatto y un tiramisú al final de la comida. Y como cierre de almuerzo y sesión de fotos, uno de los camareros se apresura a agasajarla con una grappa y un platito de pastas de piñones y almendras. A esto último invita la casa.

Texto:
Yolanda Prieto. Socióloga, publicista y periodista freelance.
Temas: cultura, sociedad, estilo de vida
Soziologin, Publizistin und freie Journalistin. Themen: Kultur, Gesell schaft, Lifestyle.

Fotos:
Milton Arias. Fotografo especializado en Retrato y Eventos. Diseñador de medios digitales
Portrait- und Eventfotograf. Mediengestalter in der Fachrichtung Neue digitale Medien. www.ariasmedia.de


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